Testimonio: Inma Buitrago: Cómo vivió violencia desde niña y cómo lo superó

Publicamos el testimonio de la española Inma Buitrago con el objetivo de conocer desde la propia voz de una mujer cómo se vive desde niña la violencia, las huellas que ha dejado y cómo, si se busca ayuda, se puede superar sus efectos. Además su testimonio muestra la importancia de que las mujeres tengan opciones seguras donde recibir ayuda cuando se deciden a salir del ciclo de la violencia. Ella ha escrito su historia en primera persona, quiere que se comparta con su nombre y apellido para que sepan que es un testimonio real que tal vez pueda ayudar “a dar luz a las sombras”.

Testimonio: 

Me llamo Inmaculada Buitrago, tengo 45 años. En la actualidad soy mamá de una niña de 5 años, esposa y me dedico al acompañamiento para una crianza con consciencia y amor incondicional.

Vivo en España, pertenezco a una familia de 5 hermanos (dos varones y dos mujeres), yo soy la pequeña. Mi padre fue albañil y agricultor.

La experiencia de vivir violencia y maltrato en mi familia es una experiencia muy dura. Aún a veces hoy, al recordarla, la vivo con terror, con la misma mirada de aquella niña aterrorizada que fui.

Mis primeros recuerdos son de cuando yo tenía 2 años, y me recuerdo escondida debajo de una mesa, huyendo de los gritos y golpes.

Mi padre, no tenía  adicciones (alcohol, drogas, juego,…)  ni ninguna enfermedad mental. Hoy lo que veo es que simplemente era una persona muy frustrada, que no lograba el“reconocimiento” que él sentía merecer en su vida (más dinero, más tierras,… nosé) y culpaba y pagaba aquella frustración en casa. Con sus gritos, golpes…obtenía el control y poder sobre todos y todas nosotros.

Hasta aquella noche de diciembre en que nos fuimos de casa, por miedo a “no amanecer” lo que sentí siempre fue terror. Al menos así lo recuerdo.

Cualquier gasto económico (libros para la escuela, ropa…) era foco de conflicto. Mi madre compraba a escondidas. Pedía prestado dinero a mi hermano el mayor, y mis hermanas mayores (que llevaban trabajando desde muy jovencitas12-13 años) nos sustentaban económicamente porque mi padre en el último año al menos no nos daba dinero.

No puedo hablar de cómo lo vivía mi madre, ni si había reconciliación ni perdón o promesas de cambio después de los momentos de más alta violencia, yo sólo era una niña y en mi retina sólo están impresos los recuerdos de mayor angustia y miedo como cuando tuve que ir a buscar a mi hermano el mayor para que acudiese porque mi padre tenía agarrada ami madre del cuello (el delito de mi madre fue que estaba planchando camisas para su hijo). También recuerdo cuando siendo yo muy pequeña (2-3-4 años…) mipadre no me dejaba ir a dormir hasta que le diese un beso y si no me golpeaba(yo no le quería besar porque pinchaba su barba). Recuerdo muchísimos episodios en que mi padre pegaba a mis hermanas, ya jóvenes, para que se levantasen y fuesen al campo a trabajar,… recuerdo los golpes con el puño cerrado en la cabeza si no nos portábamos bien en la mesa durante la comida,…. Recuerdo el verano antes de irnos, cuando mi padre se levantó nos quitó los plomos de la luz para que no viésemos la tele porque dábamos ruido y al intervenir mis hermanas él las golpeó con una silla y mi hermano y yo tuvimos que salir a llamar por teléfono a la guardia civil (que vino pero no hizo nada, “eran temas familiares”). Desde aquel día mi madre comenzó a dormir conmigo en mi cama. Dormíamos con las puertas atrancadas con una silla por el miedo que teníamos a que entrase de noche.

Mi madre para “contenernos” como niños en nuestros ruidos o en nuestras peticiones de cosas siempre decía “ya sabes como es tu padre”. Esta frase se la he oído decir un millón de veces. Nunca habló mal de él. Sólo usaba esa frase.

Mis recuerdos están asociados al miedo, al terror. No es así la experiencia de mis hermanos que recuerdan cosas buenas. Quizá en mi caso se unió que la expresión de la violencia era ya muy continuada cuando yo nací y que yo soy PAS (Persona Altamente Sensible), es decir, que soy mucho más sensible a todos lo que ocurre así como que soy capaz de captar cosas imperceptibles para otras personas.

El 7 de Diciembre de 1984,viernes noche, mi padre levantó a mi hermano menor de la cama y ahí comenzó todo, los insultos, las amenazas,… Recuerdo muchas frases textuales de este y de otros conflictos, pero de este en particular las tengo muy claras. La tensión desde el verano se había incrementado y las amenazas eran muy muy creíbles. Así que esa noche, con lo que llevábamos puesto salimos de casa mi madre mis dos hermanas, mi hermano menor y yo camino de la casa de mi hermano mayor. Mi hermano había sido padre hacía unos meses, vivía con su familia en casa de sus suegros. Nos acogieron aquella noche. Aquella noche se puso una denuncia en la Guardia Civil y desde entonces ya no volvimos a convivir nunca más con mi padre.

Estuvimos 9 meses viviendo en casa de mi tía, la hermana de mi madre, que ella y su familia nos acogieron hasta que después de juicios concedieron a mi madre la casa y la custodia de los hijos menores (mi hermano de 15 años y yo de 11 años). Mis dos hermanas vivían en casa pero eran ya mayores de edad, ellas nos sacaron adelante con sus precarios trabajos.

Así es como salimos del ciclo de violencia, pero no del miedo, porque mi padre no dejó durante años de seguir presente. Nos buscaba en la calle, o a la salida del colegio o venía a casa a zarandear la puerta…. El miedo no cesó durante mucho tiempo.

Mi madre estuvo años sin salir de casa, a excepción de ir a la tienda de la esquina o al médico y siempre acompañada. Sólo de mayor, cerca de los 80 he conocido realmente cómo era mi madre. Siempre la víctima, sumisa,…. Cuando dentro de ella había una mujer fuerte, decidida, con carácter,…. Supongo que tantos años de violencia la habían machacado.

Ahora tengo, como decía 45 años,y soy madre. Todo esto me ha afectado y mucho, mucho en mis relaciones y en la relación con mi hija.

Desde muy joven en mi cabeza resonaba una pregunta ¿Cómo me iba a querer alguien si mi padre no me había querido? Mis relaciones siempre fueron con parejas de hombres tiernos, amables,colaboradores,… y en cierto modo, con menos iniciativa que yo. Rehuí  hombres fuertes, muy masculinos o dominantes por miedo a que fuesen violentos. Yo siempre fui la fuerte y la de la iniciativa en la pareja.

Odiaba y renegaba de mi padre hasta el punto que cuando me supe embarazada de mi hija inicié los trámites para cambiar el orden de mis apellidos y así no darle su apellido a mi hija.

Sí, antes me llamaba Inmaculada Navarro Buitrago, y ahora soy Inmaculada Buitrago. De esta forma eludí darle a mi hija el apellido de su abuelo, y lleva el de su abuela, mi madre. Sólo sentía rechazo hacía él, hacia la sangre de él que corría por mis venas.

Cuando nació mi hija mi mundo cambió y cuando ella con 15 meses comenzó con sus NOes y a mostrar su identidad separada ya de la mía, le grité. Su cara de susto fue un duro golpe para mí.Nunca creí que yo fuese quien llevaría los gritos, la violencia, a mi hogar.Esto yo no lo quería para mi hija ni para mí ni mi familia. Me puse en movimiento, a buscar información, formación…. Realicé formación sobre crianza respetuosa pero…. Cuando yo no estaba bien los patrones de los gritos saltaban. Así descubrí el coaching estratégico y… comencé a comprender los patrones emocionales y de comportamiento y …. Puede comenzar a responsabilizarme de mi vida, dejar de contarme historias de por qués y a comenzar a ser la persona que realmente necesitaba para mi vida y la de mi familia. Fue un camino largo, aún sigo en proceso y creo que lo estaré todo la vida,… pero ahora este camino lo transito acompañando a madres a gestionar sus emociones para poder ofrecer lo mejor de ellas a sus hijos e hijas.

En estos 2-3 últimos años,durante este proceso he podido comprender a mi padre, no justificarle, si no comprender que lo que nos hizo no tenía nada que ver con amarnos o no,simplemente tenía que ver con cubrir sus necesidades emocionales de control, importancia, pertenencia…. Que no supo encontrar estrategias constructivas para ello, simplemente cogió el camino que conocía, que había aprendido a su vez de su padre. Esta comprensión me liberó del odio que sentí hacia él durante años.Sentí el perdón en mi corazón. Pude y puedo mirarle con compasión.

El año pasado, tras un evento de formación de alto impacto logré dar otro paso, pedir perdón a mi madre y hermanos por mis comportamientos hacia ellos, por culparles, por reprocharles,…y darles las gracias por haber estado siempre ahí para mí. A mi madre en particular pude darle gracias por darme la vida, siempre le había dicho que yo no le había pedido venir a este mundo… Para mí fue de una gran liberación poder darle las gracias por mi vida, por quererme, porque ahora sí sabía que me había amado, a su manera, aunque no fuese como yo la necesitaba.

Toda esta liberación de cargas emocionales me han permitido dejar de mirar hacia atrás, hacia otro lado y poder mirar totalmente de frente a mi pareja, a mi hija…. Para atenderles en sus necesidades emocionales como ellos necesitan, merecen y yo quiero hacerlo. Por fin soy responsable absoluta de mi vida y ya no hay culpables de nada. Mi historia deja de ser una justificación para ser el motor de aquello que soy y quiero ser.

Por tanto, todo lo que he vivido,es perfecto para mi aprendizaje, para ser más esencia, más amor y menos ego. Lo doy todo por bueno, porque me ha servido para llegar hasta aquí. Para valorar que lo único y realmente importante es el amor.

“Lo importante no es lo que  te pasa, si no lo que haces con lo que te pasa”

Inma Buitrago

Videoclip Nada Justifica la Violencia

Compartimos el videoclip realizado en el marco del Plan de Educación y Comunicación en el que participaron chicos y chicas de SU CAMBIO POR EL CAMBIO en el sur de Quito.

Fue el resultado de un proceso de sensibilización en el que analizaron los patrones que obstaculizan el acceso equitativo a la salud sexual y reproductiva y a una vida libre de violencia, la letra de la canción la escribieron ellos/as mismos.

El vídeo se realizó durante el proyecto “Defensa, garantía y ejercicio de los derechos sexuales, reproductivos, y del derecho a una vida libre de violencia de las mujeres en la zona sur de Quito” a cargo de Medicus Mundi Mediterrània y la Fundación Casa de Refugio Matilde, que se ejecutó desde agosto 2016 hasta agosto 2017 y fue financiado por la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo de la Generalitat de Catalunya.

El vídeo muestra frases que los mismos jóvenes compartieron y socializaron durante el proyecto. Es una muestra de cómo viven las mujeres y los hombres jóvenes la violencia de género, qué sienten, qué piensan, qué les dicen los demás jóvenes y cómo la enfrentan.

Puedes ver el vídeo aquí y te animamos a compartirlo:

“Todo empezó a ponerse feo, me gritaba y me humillaba, a veces sentía miedo. No me dejaba salir si no era con él. Las peleas eran cada vez más fuertes”

25 de Nov 2017: Como sociedad civil exigimos políticas públicas y acciones concretas contra la violencia a la mujer.

En este 25 de noviembre de 2017, la Fundación Casa de Refugio Matilde, destacamos la participación de la sociedad civil para exigir políticas públicas concretas y efectivas para prevenir, atender y reparar  las consecuencias de la violencia contra la mujer.

Porque, como expresa Rosario Gómez Santos, fundadora de la Casa de Refugio Matilde, “no basta con hacer retórica, crónica roja, prensa amarillista, politiquería, clientelismo barato, con temas tan complejos y dolorosos como la violencia contra las mujeres”.

En ese sentido, Matilde Hidalgo de Procel, la precursora de las luchas a favor de los derechos de las mujeres en Ecuador y por quien lleva su nombre nuestra fundación, dijo en 1912 en su poema “El deber de la mujer”: “Mas, la vida necesita de combate y de fiereza, de buen valor y destreza, que no basta con rezar”.

En este año hemos decidido participar en la marcha “Vivas nos Queremos” siguiendo lo escrito por Matilde Hidalgo, porque creemos que la sociedad civil, es decir aquel conglomerado que le pone distancia a la estructura formal del Estado, es el poder y la fuerza real de una sociedad que reclama cambios, que se levanta a defender la vida de su población, de las mujeres, de los niños y niñas.

Esta sociedad civil, cuando se expresa organizadamente, es porque  tiene conciencia de los problemas que le afecta, como el de la violencia contra la mujer, porque va creciendo en conocimiento y descubriendo que en la base de muchos de los problemas sociales está la violencia de género.

Marchamos este 25 de noviembre, explica Rosario Gómez Santos, porque la violencia contra las mujeres afecta no sólo a ella, sino a su grupo familiar, a su barrio, a su ciudad y a su país. “Porque si las mujeres somos el 52% de la población, quiere decir que la sociedad está perdiendo la energía de esta mitad de su población, porque está disminuida, oprimida, humillada, violentada y muerta”.

Pero sobretodo, esta conmemoración, es para  incorporar en nuestra vida cotidiana, cambios  profundos y efectivos en las concepciones y costumbres patriarcales y machistas. Esas concepciones que se expresan, a veces, sin pensarlo en chistes, cachos, piropos, discriminaciones de todo tipo para las mujeres y para lo femenino.

En la Fundación Casa de Refugio de Matilde desde 1990 (hace 27 años) trabajamos para la atención de mujeres, niñas, niños adolescentes afectados por la violencia de género, con la finalidad de que puedan hacer un pare a la violencia, empoderarse de su vida, en el convencimiento y ejercicio del derecho a una vida libre de violencia.

Desde su creación la Fundación Casa de Refugio Matilde, cada 25 de Noviembre, recuerda con diversos tipos de eventos, la muerte de las tres hermanas Mirabal de República Dominicana. Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, también conocidas como “Las Mariposas” que fueron asesinadas brutalmente por el régimen del tirano Rafael Leonidas Trujillo, el 25 de noviembre del año 1960 porque junto con amigos, familiares militaban en contra de las injusticias del dictador.

Con esta conmemoración nos unimos a los cientos y miles de mujeres de nuestra región y ahora de todo el mundo, para decir basta a la violencia contra las mujeres, para exigir políticas públicas para prevenir, atender y reparar  las consecuencias de este delito.

Si miramos treinta años atrás y los comparamos con el momento actual podemos decir  que hemos avanzado en visualizar la violencia contra la mujer, en demandar políticas públicas, servicios y normativa legal para dar una mejor respuesta a esta problemática. Se han logrado avances tan significativos como la incorporación del enfoque de género en la Constitución, y el derecho para hombres y mujeres a tener una vida sin violencia en el ámbito público y en el ámbito privado.

Pero, en esta búsqueda y lucha contra la violencia, no basta el que  hayamos priorizado la respuesta judicial, legal. Indudablemente no hay que dejar en la impunidad estos delitos, (medidas necesarias para reparar a las víctimas y a la sociedad) pero a la violencia hay que atenderla, atacarla, como se previene una enfermedad,  desde cuando aparecen los primeros síntomas, reconociendo y trabajando sobre sus causas más profundas y cotidianas.

En estos 30 o 40 años de trabajo en favor de los derechos de las mujeres, poco se han desarrollado políticas para prevenir y erradicar la violencia, es decir, acciones que promuevan cambios en la estructura social y cultural de las relaciones de género, de lo que significa ser mujer y hombre, del respeto a las diversidades de género, sexo, etnia, edad, situación socio-económica, de discapacidades, y otras diferencias existentes.

“Es necesario desarrollar mayor creatividad para experimentar nuevas y certeras estrategias metodológicas, para hacer de esta lucha contra la violencia, una tarea colectiva, de grupos familiares, de comunidades, de organizaciones populares, de instituciones públicas y privadas, de toda la sociedad”, afirma Rosario Gómez Santos.