30 años de lucha por una vida libre de violencia

El viernes 26 de junio pasado celebramos con un evento online transmitido en vivo nuestros 30 años de lucha por una vida de violencia.

Son 30 años de la primera Casa de Refugio para mujeres víctimas de violencia de género y 30 años de uno de los logros del movimiento de mujeres del Ecuador.

Aunque estamos viviendo una pandemia mundial por el Covid19, que por cierto ha recrudecido los niveles de violencia contra las mujeres, no quisimos dejar pasar la celebración de estos 30 años de vida institucional.

Les resumimos aquí el evento que se inició a las 5pm y terminó cerca de las 17H30 y se transmitió por nuestra página de Facebook y también por YouTube. (Tuvimos un corte en la transmisión de YouTube y les pedimos disculpas por eso a quienes nos estaban siguiendo por ese canal, pero se puede volver a ver en este video)

De manera especial queremos destacar el apoyo que tuvimos de la intérprete en Lengua de Señas ecuatoriana, Paulina Luna. Nuestro interés fue lograr un evento realmente inclusivo para las personas sordas.

Para la transmisión en vivo contamos con el apoyo de El Churo Comunicación, como presentadoras Lucila Donoso y María Fernanda Almeida del equipo de la Casa Matilde.

En el evento tuvimos las palabras de Betty Vásquez, presidenta de la Fundación; luego de Rosario Gómez, fundadora de la Casa Matilde quien destacó los principales aprendizajes de estos 30 años, también contamos con la música de la cantante Grecia Albán, estrenamos un vídeo con tres testimonios de usuarias del albergue, emitimos varios videos de saludos de los representantes de nuestros socios ACNUR, PMA, otros saludos personales y también entrevistas a miembros del movimiento de mujeres del Ecuador que estuvieron en el proceso de creación de la Casa Matilde. Y también la música de la cantante esmeraldeña Mel Mourelle que nos encantó con su fuerza.

(En este enlace se puede leer la transcripción completa de las palabras de Betty Vásquez y Rosario Gómez )

Destacamos que son 30 años de una de las conquistas del movimiento de mujeres del Ecuador:  cómo rindió sus frutos el esfuerzo conjunto de mujeres organizadas para luchar por una vida de violencia para las mujeres y sus hijos e hijas.

“La Casa de Refugio Matilde se ha convertido en estos 30 años en un espacio seguro donde las mujeres que viven violencia pueden ser acogidas con sus hijas e hijos tanto en el servicio de albergue y también en consulta externa. Un espacio donde puedan para fortalecerse, conocer y apropiarse de sus derechos a una libre de violencia y así pasar de ser víctimas a ser sobrevivientes”, dijo Lucila Donoso.

Betty Vásquez, presidenta de la Fundación destacó que la Casa Matilde nació “de las necesidades que se veían cuando, en el servicio jurídico del Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer, contábamos con una serie de casos de violencia contra las mujeres. Y precisamente, a través del CEPAM, que fue nuestra madre, si cabe el término, nuestras compañeras del CEPAM hicieron posible el nacimiento del albergue, para posteriormente convertirnos también en Fundación”.

“Para mí particularmente es motivo de mucho orgullo, de mucha alegría, nostalgia diría yo, porque en esa época yo era estudiante de derecho, era parte del CEPAM y, de una u otra manera, fui parte del nacimiento de lo que fue el primer albergue en nuestro país. Y ahora, paradójicamente, casualmente, estoy presidiendo este gran proyecto, esta gran institución, que se ha mantenido y esperamos que se siga manteniendo por muchos años más”.

Agradeció el apoyo de instituciones, de amigos y amigas que hacen posible que sigamos trabajando: como el CEPAM, ACNUR, El Programa Mundial de Alimentos, Medicus Mundi, UNFPA; la Secretaría de Derechos Humanos en la actualidad, anteriormente el Ministerio de Justicia; Grupo Futuro; tantos amigos, amigas, que siempre están colaborado y apoyándonos.

Rosario Gómez Santos, socia fundadora de la Casa Matilde recordó los inicios desde el departamento jurídico del CEPAM desde donde empezaron a descubrir que atrás de una pensión de alimentos, de una demanda de alimentos, atrás de un divorcio, “había un monstruo, un monstruo que para nosotros hasta ese entonces había sido desconocido. Y era el monstruo de la violencia a la mujer”.

De forma paralela formaron parte del movimiento de mujeres llamado “Acción por el Movimiento de Mujeres” donde se creó una comisión para el tema de violencia contra las mujeres. Silvia Vega, Carmen Gangotena y Rosario Gómez redactaron un pliego de peticiones al Estado ecuatoriano para exigir cambios; reformas al Código Penal vigente; “exigíamos la creación de las Comisarías de la Mujer; exigíamos la derogatoria de esos artículos en donde se daba permiso a los hombres para matar a las mujeres si las encontraban en acto carnal ilícito y exigíamos las casas de refugio, porque ya sabíamos que teníamos necesidad de un albergue, de una casa a donde recibir a estas señoras que nos pedían que se querían quedar con nosotros en las oficinas”.

Rosario recordó cómo en el gobierno de Rodrigo Borja, con el ministro de Bienestar Social, Raúl Baca Carbo, con la viceministra Elsa María Castro y Tatiana Cisneros de Directora Nacional de la Mujer se aceptó el pliego de peticiones y se creó la entonces Casa de Refugio para Mujeres y Menores.

Además de hacer un recorrido por los principales hitos durante los 30 años de trabajo, cómo luego se convirtió en Fundación, Rosario también destacó los principales aprendizajes:

PRIMER APRENDIZAJE: sin la organización no podemos seguir. La importancia de la organización, de la organización popular, de la organización de todos y de todas, pero especialmente hoy rescatamos la organización de las mujeres.

Porque todas las leyes que existen, y ojalá que existan muchas jóvenes en las personas que nos están escuchando, que esas jóvenes y jóvenes sepan que hay que seguir luchando, pero para eso hay que organizarse, para eso hay que organizar círculos de mujeres. Entonces ese es el gran aprendizaje, yo lo rescato como el gran aprendizaje de la vida, la importancia y la fe en la organización. No es fácil trabajar en una organización, pero cuando uno tiene un ideal, un objetivo, una meta, uno lo puede lograr.

SEGUNDO APRENDIZAJE: empezamos a conocer muchísimo más el problema de la violencia. Nosotros nos metimos a estudiar para conocer más el problema de la violencia. Saber qué era esto. Que no podíamos ser como la vecina de la esquina, que tal vez de buena fe le dice a la señora: “oiga, hasta cuándo se aguanta, usted es una tonta, no. Porque se aguanta ese marido que le pega”. Nosotros no podíamos, sabíamos que no podíamos repetir ese discurso. No queríamos juzgar a las mujeres. Ahora estamos convencidas de que no hay que juzgar a las mujeres.

Porque este es un problema que nos afecta a todos, que tiene raíces muchísimo más profundas en la sociedad, esta sociedad que hay que cambiarla, esta sociedad que hace daño a las mujeres especialmente pero también a los hombres. Porque el patriarcado también deshumaniza a los hombres, y a las mujeres también. Y todos somos corresponsables de esta situación, y todos tenemos que ser los sujetos de estos cambios que necesitamos en la sociedad.

Y conocimos entonces, como herramientas para trabajar en el problema de la violencia, conocimos el ciclo de la violencia de Leonor Walker, y descubrimos que no era un ciclo como una bicicleta que da la vuelta, sino que era una espiral. Una espiral que cada día se va haciendo más grave, más grave, más grave.

TERCER APRENDIZAJE: no podemos segmentar las cosas. No podemos creer que la violencia tenemos que estudiarla y entenderla como un problema aislado, como un problema que solo nos pasa a las mujeres, como un problema que tenemos que solo resolverlo las mujeres. No. Este es un problema del Estado, este es un problema de la sociedad en general. Somos el 52 por ciento de la población, y ese 52 por ciento de la población, a veces desde antes que nacemos, en la niñez, en la adultez y en la tercera edad, estamos siendo violentadas. Cuánta energía se desperdicia en nuestra sociedad con ese 52 por ciento de una población que vive afectada. Que no está en su cien por ciento de energías, porque anda mal adentro, anda oprimida, no tiene ganas de vivir.

Entonces, eso es importante, por eso es un problema de salud pública. Por eso es un problema la violencia. Esta violencia de la que estamos hoy día hablando, es un problema que afecta al desarrollo. ¿A cuál desarrollo? Al de las personas, al de los grupos familiares, al de la sociedad en general, al de los pueblos, al de las comunidades, al de las vecindades.

CUARTO APRENDIZAJE: Un último aprendizaje, porque nos metimos a estudiar también, filosofía, epistemología, es que saber que nosotros no podemos segmentar las cosas. No podemos hablar de la violencia a los niños y a las niñas y no hablar de la violencia que sufre la pareja de su padre y de su madre. De esas malas relaciones de opresión y de violencia que existen. Es clarísimo, si nosotros atendemos a un niño violentado indudablemente que ese niño está viviendo en un grupo familiar en donde hay violencia. Y si atendemos a una mujer violentada, segurísimo que los niños también están viviendo violencia.

Aprendimos a que no podemos llamar víctimas a las mujeres. Porque decirle víctima es seguirla victimizando y sentir que ella no tiene capacidad de lucha. Tenemos que hablar de sobrevivientes de la violencia, esto es muy importante.

Al final Rosario dijo: “Este es un evento del Movimiento de Mujeres. Porque queremos recordarnos. Recordarnos a todos nosotros. A esos compañeros hombres que también están junto a nosotros, apoyándonos, trabajando junto con nosotros para trasformar esta sociedad. Queremos decirles que este es un evento para recordar la importancia de la fuerza de la organización, y que a eso tenemos que volver, a los círculos de mujeres, a las organizaciones de mujeres, a las organizaciones populares”.

Retratos Día Mundial del Refugiado

Para conmemorar el Día Mundial del Refugiado (20 de junio) publicamos una serie de retratos y pequeñas historias de mujeres sobrevivientes de violencia de género y refugiadas.

Ellas reciben apoyo integral de la Fundación Casa de Refugio Matilde, Acnur (agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados) y otras organizaciones.

Aquí compartimos las fotografías y las historias que publicamos durante una semana en nuestra página en Facebook.

Somos mucho más de lo que nos ha sucedido.
Somos mujeres que queremos vivir felices, libres y realizar nuestros sueños.

Fotos: Isadora Romero Textos: Lucila Donoso

«Uno de los recuerdos más lindos de cuando era niña es cuando salía sola con mi mamá a los centros comerciales a tomar helados🍦y pizza🍕. También cuando jugaba con mis primos chiquitos en el playstation🎮. Me encantaba mucho jugar con ellos, son los mejores recuerdos de mi infancia».

Claudia (nombre protegido), 16 años, venezolana.
Refugiada y sobreviviente de violencia de género.

«Me gustaba salir a caminar con mi papá. Me llevaba a muchos lugares. Lo que yo le pedía, me lo daba y todavía mi papá nos quiere dar de todo: leche, ponquey. 🥛🧁 Él quiere que vayamos allá. Todavía me ve como si fuera una niña pequeña».

Roxana (nombre protegido), 50 años, venezolana.
Sobreviviente de violencia de género y refugiada.

«Mi sueño frustrado es viajar. Pero ya con responsabilidades como que eso queda estancado. Me he considerado nómada, me gustaría viajar a todos lados. Me gustan los lugares con mucha playa, me encantaría ir a Cancún o Curazao y también a lugares con mucha nieve».

Mariana, 34 años, colombiana.
Sobreviviente de violencia de género y refugiada.

“En el futuro me gustaría ser una mujer súper, súper independiente, tener mi propio almacén, tener una sala de eventos, tener varias propiedades y una agencia de venta de carros”.

Daniela (nombre protegido), 29 años, colombiana.
Sobreviviente de violencia de género y refugiada.

“En el futuro lo que quiero es ir a la playa, aunque no me gusta meterme al mar, pero sí estar por la tarde en la arena y también trabajar en un trabajo honrado”.

Georgina, 42 años, venezolana
Sobreviviente de violencia y refugiada

Última encuesta sobre violencia a la mujer 2019

El pasado 25 de noviembre se publicaron los datos de la nueva Encuesta Nacional sobre Relaciones Familiares y Violencia de Género contra las Mujeres (Envigmu) que recoge datos actualizados sobre actos violentos que han experimentado mujeres ecuatorianas mayores a 15 años de edad.

Esta es una herramienta estadística que aporta a visibilizar la violencia contra las mujeres en nuestro país. Los datos completos se los puede obtener en esta presentación del Instituto de Estadísticas y Censos (INEC): Datos ENVIGMU 2019

Uno de los primeros datos que destacan en esta encuesta es: 65 de cada 100 mujeres en el Ecuador han experimentado por lo menos un hecho de algún tipo de violencia a lo largo de su vida. Este indicador nos dice que hay una alta prevalencia de violencia contra las mujeres en nuestro país. Y en los últimos 12 meses, según la encuesta, 32 de cada 100 mujeres han experimentado algún tipo de violencia.

También se destacan los datos obtenidos sobre los roles femeninos y masculinos. Uno de ellos muestra que 27 de cada 100 mujeres creen que una buena esposa debe obedecer a su esposo en todo lo que él ordene. Mientras que, 86 de cada 100 mujeres creen que tienen el mismo de derecho de trabajar y ganar dinero.

La encuesta incluye por primera vez a la violencia Gineco-Obstétrica y la diferenciación entre los ámbitos de investigación (en pareja, escolar, laboral, social y familia), basándose en lo establecido en la nueva Ley Orgánica Integral para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres. La encuesta se aplicó a 20.848 viviendas del país en zonas rurales y urbanas.

Compartimos aquí algunos de los datos de esta investigación estadística proporcionados por el INEC:

25 de Noviembre 2019 ¡Vivas Nos Queremos!

El pasado 23 de noviembre participamos en la marcha Vivas Nos Queremos en conmemoración del 25 de noviembre, Día Mundial por la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Queremos una vida libre de violencia para las mujeres, niñas, adolescentes, adultas, adultas mayores.

Marchamos desde el parque El Ejido, por toda la calle 10 de Agosto hasta la plaza de San Blas en el ingreso al centro histórico de Quito y luego de regreso al parque de El Arbolito donde se desarrolló un evento artístico.

«Ahora que estamos juntas, ahora que si nos ven, abajo el patriarcado se va a caer, se va a caer»

Fotos: Andrés Yepez

Prefectura de Pichincha y Fundación Casa Matilde suscribieron un convenio para aportar en la lucha contra la violencia de género en la Provincia.

La Prefectura del Gobierno de Pichincha y la Fundación Casa de Refugio Matilde suscribieron un convenio marco de cooperación interinstitucional para contribuir en la implementación del Plan de Prevención y Erradicación de Violencia de Género que desarrollará el Gobierno de Pichincha como parte del objetivo de declarar a la provincia «libre de violencia».

De manera específica, firmaron un convenio para capacitar al personal del gobierno provincial con el objetivo de prevenir, detectar y referir casos de violencia de género.

Previo a la firma del convenio, la prefecta de Pichincha, Paola Pabón, recorrió las instalaciones del albergue de la Fundación Casa de Refugio Matilde y conoció de cerca el trabajo que realizamos en favor de las mujeres y sus hijos e hijas afectados por la violencia intrafamiliar y de género.

En la firma del convenio, Elizabeth Barahona, directora de la Fundación Casa de Refugio Matilde, expresó:  «Prefecta, queremos agradecer su compromiso y el trabajo en favor de los derechos de las mujeres, conozco de su lucha feminista desde hace muchos años, agradecerle por ese compromiso y ese trabajo”.

“Vamos a poner mucha fuerza en beneficio de las mujeres, porque nuestro compromiso va más allá y es lograr un mundo libre de violencia, un mundo donde tanto hombres y mujeres podamos construir un mundo equitativo, de igualdad y que podamos vivir en un mundo de paz”, dijo.

“Para nosotros el compromiso es seguir sosteniendo el albergue, el próximo año tendremos un gran evento por los 30 años de la Fundación, esperamos poder seguir trabajando juntas”, expresó la directora de la Fundación.

La prefecta Paola Pabón expresó su emoción por suscribir un convenio que será, dijo, “el primer paso” para “lograr el sueño de que Pichincha sea una provincia libre de violencia contra las mujeres”.

“Una sociedad que violenta, que maltrata a las mujeres, que las criminaliza, no es una sociedad sana que puede vivir en paz, no es una sociedad que cría a las futuras generaciones en paz. El tema de violencia contra las mujeres no es un tema solo de mujeres, es un tema de hombres y mujeres, y también del Estado”, dijo.

Paola Pabón expresó también su emoción y dijo estar “muy conmovida” por encontrarse “entre mujeres tan valientes que trabajan por cambiar la vida de mujeres que llegan acá a este refugio destrozadas en todos los sentidos… eso es tener mucha fortaleza para poder continuar el trabajo de salvar vidas a las mujeres”.

“Esta es la única casa de refugio que existe en toda la provincia de Pichincha y esta es la única que funciona porque esta Fundación, es decir la sociedad civil, ha sostenido esta casa durante casi 30 años. Eso significa que hay un esfuerzo de las mujeres, un compromiso de sostener este espacio”, destacó.

En ese sentido destacó que se tomó la decisión “de firmar este convenio con mujeres que toda su vida han dedicado a salvar la vida de las mujeres”.

“Este es un comienzo para el gobierno de Pichincha, para ustedes una actividad más durante estos casi 30 años de vida, pero para nosotros reviste mucha importancia la firma de este convenio”, finalizó.

Texto y fotos: Lucila Donoso

Artículo de opinión: «Tres historias, un continente, centenas de culturas, infinita violencia»

Compartimos el artículo de opinión escrito por Iván Zahínos, coordinador de Relaciones Internacionales de Medicus Mundi Mediterránea.

Iván nos visitó durante una semana para revisar el avance de los proyectos que lleva adelante Medicus Mundi junto con la Fundación Casa de Refugio Matilde y durante su estadía estuvo en el albergue y conversó con dos mujeres que permanecen allí.

Desde la página de Medicus Mundi Mediterránea Iván nos escribe un artículo donde expresa su rabia e indignación por la violencia de género, por la situación que viven las mujeres y sus hijos y por la falta de apoyo a la labor que realizan organizaciones como la Fundación Casa de Refugio.

Medicus Mundi colabora desde hace más de 5 años con la Fundación Casa de Refugio Matilde en mantener operativo el único albergue para mujeres víctimas de violencia en Quito, entre otros proyectos.

En su artículo, Iván dice:

«En medio de las entrevistas, en un estado que mezcla la rabia, la sorpresa, la indignación y la vergüenza, recuerdo la película “El abrazo de la serpiente” y los siglos de guerra entre humanos en esta tierra, en esta nuestra América Latina. Veo las escamas de esta serpiente, como muda de piel, pero sigue siendo la misma devoradora. Hay historias de violencia personal, de agresión y dominación a la mujer, hay una historia de violencia colectiva. Hay conflictos políticos que sobrepasan las fronteras. En ese estado, confieso, me costó seguir con las entrevistas»

«Lo que quiero contar, como protagonista de esta historia (y sí, digo protagonista con la boca bien llena a riesgo de que me vuelvan a tildar de extranjero occidental) es que al final, tiene que ser un grupo de mujeres guerreras en un entorno que las quiere devorar (la inversión social en Ecuador cae significativamente en los últimos dos años), las que no tienen miedo y arman un refugio, la Fundación Casa Matilde ya hace casi 30 años, con tan solo un 30% de apoyo del estado (cuando les cae) y la cooperación de latitudes lejana . Ellas, Cata, Elizabeth, Charito, Carmita, Jeny, Andrés, Pamela y otras son las heroínas que ofertan este oasis para que cientos de mujeres cada año tengan al menos alguna oportunidad para sobrevivir y construir un nuevo proyecto de vida. ¿Dónde están los gobiernos? Pasan de refilón y llaman cuando hay posibilidad de hacerse la foto para inaugurar algo… ¿Dónde están las grandes agencias de la ayuda? A parte de excelentes diagnosticadores, poca cosa más… Y sobre todo, ¿dónde está el capital privado en este drama? No he visto a ningún filántropo, no he visto a ninguna Fundación bancaria…»

Lee el artículo completo aquí 👉 ARTICULO IVAN ZAHINOS DESDE QUITO

Boletín lideresas del Sur de Quito

En mayo de 2019, se publicó el Boletín del grupo de Lideresas del Sur de Quito: «La Voz de las Lideresas del Sur de Quito» con el apoyo de la Fundación Casa de Refugio Matilde y Medicus Mundi Mediterrània y el financiamiento de la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo y Gobierno de Cataluña.

Este boletín contiene información sobre la violencia que sufren las mujeres en el sur de Quito y propuestas prácticas sobre qué hacer en casos de violencia de género (VG).
Es el resultado de un proceso de capacitación teórica y práctica, en el
2018, sobre la violencia de género, la forma de prevenirla y atenderla
bajo la responsabilidad de la Fundación Casa de Refugio Matilde
(FCRM).

Este documento cuenta con un cuadro de instituciones de las zonas Eloy Alfaro y Quitumbe del Sur de Quito donde las mujeres pueden acudir a pedir ayuda si están viviendo violencia.

Las lideresas del Sur de Quito son un grupo de mujeres de diversas organizaciones y agrupaciones barriales mixtas. Varias de ellas participaron en la Veeduría Ciudadana a los fondos municipales destinado al problema de la Violencia de Género (2008-2010).

DESCARGA EL BOLETIN LA VOZ DE LAS LIDERESAS DEL SUR DE QUITO AQUI

«Luchar juntas y construir respuestas colectivas»: Conversatorio por el Día de la No Violencia contra la Mujer

El viernes 23 de noviembre la Fundación Casa de Refugio Matilde junto con la Red de Atención y Prevención del a Violencia Intrafamiliar (Rap Vif Sur) organizó un conversatorio denominado “Las Luchas Feministas frente al recrudecimiento de la violencia machista”.

El conversatorio se realizó en el mismo sur de Quito, en la Plataforma de Desarrollo Social en la zona de Quitumbe y contó con la participación de cerca de 80 personas, entre ellas lideresas del sur de Quito, miembros del personal del Hospital Enrique Garcés, de la Maternidad Luz Elena Arismendi, delegados y delegadas de las instituciones que forman parte de la Red Rap Vif.

Expusieron en la charla: Cristina Burneo, docente de la Universidad Andina Simón Bolívar; Natalia Sierra, docente de la facultad de Sociología de la Universidad Católica del Ecuador; Carla Sánchez, miembro del movimiento Vivas Nos Queremos y Francisco Hurtado, defensor y activista de los Derechos Humanos.

¿Por qué en el Sur de Quito? Para la Fundación Casa de Refugio Matilde fue importante generar este conversatorio en Quitumbe, una de las zonas con el mayor índice de violencia de género y de femicidios en Quito y todo el Ecuador.

El conversatorio resultó ser un espacio donde las y los expositores destacaron la importancia de que las mujeres estemos unidas frente al recrudecimiento de la violencia machista y de seguir en la lucha para que “el ser mujer no sea una tragedia en nuestra sociedad”, como expresó Natalia Sierra quien narró su testimonio como sobreviviente de violencia de género.

Pero también fue un espacio de esperanza, como lo dijo Andrea Tamayo, de la Fundación Casa de Refugio Matilde, al inicio del evento: “Este debate lo hemos propuesto frente al hecho de que la violencia machista se ha ido recrudeciendo, pero al mismo tiempo, también porque hay mucha esperanza en el sentido de que las mujeres seguimos luchando juntas”.

María Augusta Villa Viera de Surkuna, moderadora del panel, expresó que el feminismo es una crítica a la modernidad: «consideramos que la lucha feminista es el empoderamiento de las mujeres, es un deseo de transformar la realidad, por tanto las mujeres tenemos que alzar nuestra voz». 

Cristina Burneo inició su exposición: “Ya no está en debate que nos está matando todo el tiempo, que nuestras vidas están en peligro, que nuestra vidas están precarizadas, es algo que no está en debate, es algo que sucede permanentemente”.

Pero dijo que lo sí está en discusión es: “cómo podemos intervenir en nuestras condiciones de vida” y lanzó la propuesta: “si cada vez sabemos más del tema de violencia, en realidad lo que tenemos que hacer es más que un debate, es construir respuestas colectivas de cómo intervenir en las condiciones de vida”.

“Es muy fácil decir que hay que romper con la violencia, pero a veces estamos en situaciones en que no hay cómo, no es fácil romper las cadenas de violencia. Eso se llama recrudecimiento de la violencia machista cuando una mujer piensa en que puede decirle a su pareja que se quiere divorciar y eso resulta en amenaza de muerte, eso no debería pasar en el 2018”, dijo Cristina.

Y propuso la idea de preguntarnos “si las mujeres solas podemos modificar esas condiciones que cada vez se están volviendo más violentas, y solas es difícil, y la idea es trabajar colectivamente” porque, dijo, ante un estado que no le interesa apoyar los procesos de larga duración para frenar la violencia, la alternativa es “que las mujeres nos juntemos”. “Así si podemos intervenir, cuando las mujeres nos juntamos nos vamos dando cuenta de quienes somos, cuando no nos dicen quienes hay que ser. Todas conocemos estas historias de cada una de nuestras familias, nos damos cuenta de las violencias que hemos vivido y cómo podemos ir saliendo de eso”.

En ese sentido dijo que nos preguntemos “cómo amamos a los hombres en nuestras familias, porque la violencia tiene que ver con cómo estamos amando… son preguntas para ir trabajando en nuestros procesos, porque se cruzan nuestros afectos, de nuestras situaciones migratorias, si nos hemos desplazado, si tenemos empeeo, si somos económicamente dependientes”.

Terminó con la propuesta de pensar “cómo nos hacemos preguntas de colectivo que nos permitan pensar en cómo intervenir en nuestras propias vidas y no estar a merced del recrudecimiento de las formas de violencia machista”.

Francisco Hurtado, activista y defensor de los Derechos Humanos, expresó desde su posición de hombre: “nosotros como agentes que reproducimos esa violencia sea porque la ejercemos de manera violenta o porque nos volvemos cómplices, intelectualmente la empezamos a justificar con nuestra historia personal y los procesos violentos que vivimos desde cuando éramos niños, pero precisamente cuando nos empezamos a quedar en ese lugar y no nos preguntamos y qué hacemos frente a eso, es difícil salirnos naturalizarnos como seres violentos como hombres”.

“Nosotros tenemos agencia de cambio, si yo me quedara en el lugar de la violencia que mi padre ejerció contra mí, para explicar por qué yo respondo de ese modo, no estoy llevando a nada, no estamos dando una respuesta a ese recrudecimiento de la violencia, sino de todo lo contrario, en efecto somos capaces de empezar a dar pasos para intentar contener aquello que hemos reproducido desde pequeños y que luego sostenemos de maneras conscientes en contra de las mujeres”.

Así, dijo que “es fácil salir y decir el discurso que estoy diciendo y luego salir y hacer otra cosa. Creo que eso es lo más complejo que está sucediendo en estos momentos que podemos dar discursos bonitos y luego somos las personas violentas que ustedes están combatiendo”.

Natalia Sierra, docente de sociología, dejó de lado el discurso académico y narró su propia experiencia de vida como sobreviviente o sujeto de violencia de género y expresó un mensaje de fuerza y esperanza para las mujeres. “No voy a hablar desde la Universidad, estoy convenida que el primer paso para tratar de frenar esta violencia es el reconocimiento que una ha sido violentada y no desde el abstracto nosotros somos violentadas”.

Aquí su testimonio en primera persona:
“Soy nieta de una mujer que fue empelada doméstica, en alguna de las casas de las familias ricas de Quito donde botaban la leche que sobraba y en la noche ella se escondía para recoger esa leche para llevarle a mi papá porque no le dejaban llevarse la leche que sobraba y recogía también las cáscaras de las frutas para llevarse a su casa. Luego ella entró a trabajar en la fábrica La internacional, para ella fue un logro pasar de ser de ser empleada a ser obrera, pero terminó enferma de los riñones, porque no podría ir al baño. Fue una madre soltera, sola crió a sus tres hijos. Esa es mi abuela.
Mi madre era una campesina, del Oriente, salió a educarse a Quito, cuando llegó acá encontró una ciudad hostil, tuvo tres hijos. Yo soy la menor y cuando yo tenía 4 años, mi padre se fue, porque los padres se divorcian de los hijos, entonces se fue y le dejó a mi madre a cargo de los tres, con un sueldo de una profesora de escuela. Pero nos crió, como mi abuela crió a sus hijos, con ese sacrificio que la mujer está obligada a hacer.
Ella siempre nos decía que lo único que uno no puede dejar pasar es la injusticia. Y nos criamos así. Por eso mi hermana mayor entró a tratar, no sé si equivocada o no, entró a tratar de cambiar las injusticias de un sistema patriarcal, capitalista y el estado la asesinó cuando tenía 22 años. Eso generó un drama para mi madre, la asesinaron a ella y a su esposo y mi madre se hizo cargo de un niño que dejaron.
En ese proceso fui creciendo. También fui violentada por el Estado con las persecuciones a la familia. También fui golpeada por mi primera pareja, a los 20 años, no solo era una violencia emocional, psicológica que ya era bastante, sino también violencia física. Las mujeres que hemos sido golpeadas sabemos cómo es eso. También fui abusada sexualmente y seguí.
Y además de otras cosas, abusos emocionales, las parejas nos ponen en el filo de la inseguridad emocional para poder manipularnos, que nos chantajean con el tema económico, con el tema social y uno sigue y más cuando uno tiene hijos.
Luego como tuve una hija y esta sociedad es de hombres, viví la angustia de que si sale, qué le irá a pasar, que capaz que la violan, que la matan… porque las personas te dicen qué bueno que ha salido varón… pero no es bueno porque sea varón sino porque en una sociedad machista las mujeres siempre estamos vulneralizadas. Entonces tenía que llevarla, salir a verla, todo el tiempo sufrir por la hija.
Así llegué ahora, tengo 50 años y descubrí algo que es lo que quiero compartir con ustedes, siempre he estado ligada a la lucha sociales: cuando se dice que se ha recrudecido la violencia, luego que una viene de mujeres que nos han sostenido, cuando he vivido la violencia que es herencia, la violencia que sufrió mi abuela, mi madre… me doy cuenta que no estuve sola , porque hay una red: logré salir adelante, no estoy hecha pedazos, no me volví alcohólica, no caí en las drogas y todo por una razón, que es que siempre que a pesar de todo lo que me pasó, no me quitaron nada a mí como dignidad, nada. Porque a veces nos revictimizamos porque asumimos que ya no somos algo, si nos pegaron, si nos violaron, si nos hicieron sentir que no servíamos para ser amadas, sentir que no me quitaron nada y empecé a pensar en eso. Sentí que mi dignidad estaba intacta y sentí que está más intacta cuando lograba entender que no era yo sola, porque a veces que solo a una le pasa y te sientes tan sola y tienes vergüenza de decir, cuando comprendes que hay otras mujeres a las que les pasa, más en los sectores populares porque así es el sistema.
Entonces decidí pelear y no pelear solo con los agresores inmediatos porque sin parte de una estructura gigantesca decidí pelear contra ese sistema. Un sistema que al final se sienta sobre nosotras. Porque nosotras soportamos todos, porque en el fundamento del sistema estamos nosotras, siempre soportando todo.
Uno dice ahí está nuestra dignidad, si nosotros no soportaríamos no habría vida, no había patriarcado, porque nosotras soportamos el patriarcado, el capitalismo… siento que a veces hay una complicidad con ese sistema. Esta historia a mí me duele mucho, no hablo mucho de esto. Ahora decidí hablar porque una tiene que aprender a decir yo he sido violentada de todas las formas posibles, pero he sido violentada. Y voy a seguir peleando. No sé si logre ver una sociedad donde ser mujer no signifique, pero me moriré peleando y eso es lo que me devuelve una y otra vez la dignidad, un lugar en este mundo. Yo vine a este mundo y a pesar de todo lo que me pasó sé que tengo algo que hacer en este mudo. Y ese algo es pensar que en algún momento nacer mujer no sea una tragedia que sea una de las cosas más bellas, decir que yo he tenido una hija mujer, esto también me devolvió la dignidad.
Invitarles a cogernos las manos, no tener vergüenza de lo que nos han hecho, porque son los agresores tanto individuales como colectivos, como institucionales, los que tienen que bajar su cabeza, tener vergüenza y pedir perdón, no nosotras”.

Al finalizar, Carla Sánchez, miembro de la plataforma Vivas Nos Queremos convocó a la Marcha Nacional del siguiente día sábado 24 noviembre por el Día Internacional de la No Violencia a la Mujer.

“Vemos que lo que las violencias que vivimos no es algo individual y nos dimos cuenta que es un problema sistémico y no individual y la forma que podemos que podemos frenar esas violencias es de una forma colectiva”, ese fue el nacimiento de Vivas Nos Queremos con la convocatoria a la primera marcha en el 2016 con la idea de visibilizar “estas violencias que nos atraviesan a todas de una forma colectiva porque al mismo tiempo somos silenciadas como una forma de violencia, de manera histórica”.

En este año con la marcha se busca, dijo Karla, “visibilizar la violencia sexual, porque queremos romper el silencio, acompañarnos a quienes hemos vivido violencia sexual. Porque es una forma es darnos apoyo mutuo como siempre ha existido, hacer visible, desnaturalizar, que las sobrevivientes somos culpadas, es acompañarnos mutuamente”.

“La marcha para nosotras también tiene un objetivo muy importante de memoria de nuestra hermanas que ya no están, pero también de reparación. Que ésta reparación se da al activar colectivamente. Que juntas podamos hacer frente a lo que nos pasa a todas. Denunciamos en esta marcha la complicidad que existe del Estado y de la sociedad de estas violencias. Marchamos porque no tiene que ser así, porque el estado y la sociedad tienen que accionar de forma efectiva para prevenir la violencia”, indicó.

Además expresó que la marcha se realiza pensando en las generaciones futuras: “Creemos en una sociedad mejor para las mujeres y en que las que estamos y las que van a venir sea mejor, no tengan que pasar las violencias que pasamos las que estamos. Es importante por todos estos procesos de memoria y reparación. Es un proceso de esperanza, todas que estamos viviendo día a día estas violencias, somos personas que creemos en un mundo mejor, que tenemos mucha esperanza. Frente todo este proceso que hemos vivido históricamente el camino que es un camino que ha sido abierto por muchas mujeres antes, es lindo ver este proceso que hemos recorrido, que esta conciencia viene un poco tarde, nos caliente el corazón que las compañeras más jóvenes comienzan a tener esta conciencia”.

“Vemos que es una lucha colectiva, no individual, una lucha que colectivamente se hace más fuerte, resuena más, lo hacemos porque queremos seguridad que el día de mañana va a ser distinto para nosotras. Para que el día de mañana, las mujeres que vengan tengan una vida distinta de las que estamos ahora y las que nos precedieron”.

Texto: Lucila Donoso    Fotos: Andrés Yépez              

Las expositoras: (de dr a izq):  Moderadora: María Augusta Villa Viera de Surkuna; Cristina Burneo, Carla Sánchez, Natalia Sierra y Francisco Hurtado. 
Natalia Sierra: «Invitarles a cogernos las manos, a no tener vergüenza de lo que nos han hecho, porque son los agresores tanto individuales como colectivos,como institucionales, los que tienen que bajar su cabeza, tener vergüenza y pedir perdón, no nosotras”.
Tetimonio

Testimonio: Inma Buitrago: Cómo vivió violencia desde niña y cómo lo superó

Publicamos el testimonio de la española Inma Buitrago con el objetivo de conocer desde la propia voz de una mujer cómo se vive desde niña la violencia, las huellas que ha dejado y cómo, si se busca ayuda, se puede superar sus efectos. Además su testimonio muestra la importancia de que las mujeres tengan opciones seguras donde recibir ayuda cuando se deciden a salir del ciclo de la violencia. Ella ha escrito su historia en primera persona, quiere que se comparta con su nombre y apellido para que sepan que es un testimonio real que tal vez pueda ayudar «a dar luz a las sombras».

Testimonio: 

Me llamo Inmaculada Buitrago, tengo 45 años. En la actualidad soy mamá de una niña de 5 años, esposa y me dedico al acompañamiento para una crianza con consciencia y amor incondicional.

Vivo en España, pertenezco a una familia de 5 hermanos (dos varones y dos mujeres), yo soy la pequeña. Mi padre fue albañil y agricultor.

La experiencia de vivir violencia y maltrato en mi familia es una experiencia muy dura. Aún a veces hoy, al recordarla, la vivo con terror, con la misma mirada de aquella niña aterrorizada que fui.

Mis primeros recuerdos son de cuando yo tenía 2 años, y me recuerdo escondida debajo de una mesa, huyendo de los gritos y golpes.

Mi padre, no tenía  adicciones (alcohol, drogas, juego,…)  ni ninguna enfermedad mental. Hoy lo que veo es que simplemente era una persona muy frustrada, que no lograba el“reconocimiento” que él sentía merecer en su vida (más dinero, más tierras,… nosé) y culpaba y pagaba aquella frustración en casa. Con sus gritos, golpes…obtenía el control y poder sobre todos y todas nosotros.

Hasta aquella noche de diciembre en que nos fuimos de casa, por miedo a “no amanecer” lo que sentí siempre fue terror. Al menos así lo recuerdo.

Cualquier gasto económico (libros para la escuela, ropa…) era foco de conflicto. Mi madre compraba a escondidas. Pedía prestado dinero a mi hermano el mayor, y mis hermanas mayores (que llevaban trabajando desde muy jovencitas12-13 años) nos sustentaban económicamente porque mi padre en el último año al menos no nos daba dinero.

No puedo hablar de cómo lo vivía mi madre, ni si había reconciliación ni perdón o promesas de cambio después de los momentos de más alta violencia, yo sólo era una niña y en mi retina sólo están impresos los recuerdos de mayor angustia y miedo como cuando tuve que ir a buscar a mi hermano el mayor para que acudiese porque mi padre tenía agarrada ami madre del cuello (el delito de mi madre fue que estaba planchando camisas para su hijo). También recuerdo cuando siendo yo muy pequeña (2-3-4 años…) mipadre no me dejaba ir a dormir hasta que le diese un beso y si no me golpeaba(yo no le quería besar porque pinchaba su barba). Recuerdo muchísimos episodios en que mi padre pegaba a mis hermanas, ya jóvenes, para que se levantasen y fuesen al campo a trabajar,… recuerdo los golpes con el puño cerrado en la cabeza si no nos portábamos bien en la mesa durante la comida,…. Recuerdo el verano antes de irnos, cuando mi padre se levantó nos quitó los plomos de la luz para que no viésemos la tele porque dábamos ruido y al intervenir mis hermanas él las golpeó con una silla y mi hermano y yo tuvimos que salir a llamar por teléfono a la guardia civil (que vino pero no hizo nada, “eran temas familiares”). Desde aquel día mi madre comenzó a dormir conmigo en mi cama. Dormíamos con las puertas atrancadas con una silla por el miedo que teníamos a que entrase de noche.

Mi madre para “contenernos” como niños en nuestros ruidos o en nuestras peticiones de cosas siempre decía “ya sabes como es tu padre”. Esta frase se la he oído decir un millón de veces. Nunca habló mal de él. Sólo usaba esa frase.

Mis recuerdos están asociados al miedo, al terror. No es así la experiencia de mis hermanos que recuerdan cosas buenas. Quizá en mi caso se unió que la expresión de la violencia era ya muy continuada cuando yo nací y que yo soy PAS (Persona Altamente Sensible), es decir, que soy mucho más sensible a todos lo que ocurre así como que soy capaz de captar cosas imperceptibles para otras personas.

El 7 de Diciembre de 1984,viernes noche, mi padre levantó a mi hermano menor de la cama y ahí comenzó todo, los insultos, las amenazas,… Recuerdo muchas frases textuales de este y de otros conflictos, pero de este en particular las tengo muy claras. La tensión desde el verano se había incrementado y las amenazas eran muy muy creíbles. Así que esa noche, con lo que llevábamos puesto salimos de casa mi madre mis dos hermanas, mi hermano menor y yo camino de la casa de mi hermano mayor. Mi hermano había sido padre hacía unos meses, vivía con su familia en casa de sus suegros. Nos acogieron aquella noche. Aquella noche se puso una denuncia en la Guardia Civil y desde entonces ya no volvimos a convivir nunca más con mi padre.

Estuvimos 9 meses viviendo en casa de mi tía, la hermana de mi madre, que ella y su familia nos acogieron hasta que después de juicios concedieron a mi madre la casa y la custodia de los hijos menores (mi hermano de 15 años y yo de 11 años). Mis dos hermanas vivían en casa pero eran ya mayores de edad, ellas nos sacaron adelante con sus precarios trabajos.

Así es como salimos del ciclo de violencia, pero no del miedo, porque mi padre no dejó durante años de seguir presente. Nos buscaba en la calle, o a la salida del colegio o venía a casa a zarandear la puerta…. El miedo no cesó durante mucho tiempo.

Mi madre estuvo años sin salir de casa, a excepción de ir a la tienda de la esquina o al médico y siempre acompañada. Sólo de mayor, cerca de los 80 he conocido realmente cómo era mi madre. Siempre la víctima, sumisa,…. Cuando dentro de ella había una mujer fuerte, decidida, con carácter,…. Supongo que tantos años de violencia la habían machacado.

Ahora tengo, como decía 45 años,y soy madre. Todo esto me ha afectado y mucho, mucho en mis relaciones y en la relación con mi hija.

Desde muy joven en mi cabeza resonaba una pregunta ¿Cómo me iba a querer alguien si mi padre no me había querido? Mis relaciones siempre fueron con parejas de hombres tiernos, amables,colaboradores,… y en cierto modo, con menos iniciativa que yo. Rehuí  hombres fuertes, muy masculinos o dominantes por miedo a que fuesen violentos. Yo siempre fui la fuerte y la de la iniciativa en la pareja.

Odiaba y renegaba de mi padre hasta el punto que cuando me supe embarazada de mi hija inicié los trámites para cambiar el orden de mis apellidos y así no darle su apellido a mi hija.

Sí, antes me llamaba Inmaculada Navarro Buitrago, y ahora soy Inmaculada Buitrago. De esta forma eludí darle a mi hija el apellido de su abuelo, y lleva el de su abuela, mi madre. Sólo sentía rechazo hacía él, hacia la sangre de él que corría por mis venas.

Cuando nació mi hija mi mundo cambió y cuando ella con 15 meses comenzó con sus NOes y a mostrar su identidad separada ya de la mía, le grité. Su cara de susto fue un duro golpe para mí.Nunca creí que yo fuese quien llevaría los gritos, la violencia, a mi hogar.Esto yo no lo quería para mi hija ni para mí ni mi familia. Me puse en movimiento, a buscar información, formación…. Realicé formación sobre crianza respetuosa pero…. Cuando yo no estaba bien los patrones de los gritos saltaban. Así descubrí el coaching estratégico y… comencé a comprender los patrones emocionales y de comportamiento y …. Puede comenzar a responsabilizarme de mi vida, dejar de contarme historias de por qués y a comenzar a ser la persona que realmente necesitaba para mi vida y la de mi familia. Fue un camino largo, aún sigo en proceso y creo que lo estaré todo la vida,… pero ahora este camino lo transito acompañando a madres a gestionar sus emociones para poder ofrecer lo mejor de ellas a sus hijos e hijas.

En estos 2-3 últimos años,durante este proceso he podido comprender a mi padre, no justificarle, si no comprender que lo que nos hizo no tenía nada que ver con amarnos o no,simplemente tenía que ver con cubrir sus necesidades emocionales de control, importancia, pertenencia…. Que no supo encontrar estrategias constructivas para ello, simplemente cogió el camino que conocía, que había aprendido a su vez de su padre. Esta comprensión me liberó del odio que sentí hacia él durante años.Sentí el perdón en mi corazón. Pude y puedo mirarle con compasión.

El año pasado, tras un evento de formación de alto impacto logré dar otro paso, pedir perdón a mi madre y hermanos por mis comportamientos hacia ellos, por culparles, por reprocharles,…y darles las gracias por haber estado siempre ahí para mí. A mi madre en particular pude darle gracias por darme la vida, siempre le había dicho que yo no le había pedido venir a este mundo… Para mí fue de una gran liberación poder darle las gracias por mi vida, por quererme, porque ahora sí sabía que me había amado, a su manera, aunque no fuese como yo la necesitaba.

Toda esta liberación de cargas emocionales me han permitido dejar de mirar hacia atrás, hacia otro lado y poder mirar totalmente de frente a mi pareja, a mi hija…. Para atenderles en sus necesidades emocionales como ellos necesitan, merecen y yo quiero hacerlo. Por fin soy responsable absoluta de mi vida y ya no hay culpables de nada. Mi historia deja de ser una justificación para ser el motor de aquello que soy y quiero ser.

Por tanto, todo lo que he vivido,es perfecto para mi aprendizaje, para ser más esencia, más amor y menos ego. Lo doy todo por bueno, porque me ha servido para llegar hasta aquí. Para valorar que lo único y realmente importante es el amor.

“Lo importante no es lo que  te pasa, si no lo que haces con lo que te pasa”

Inma Buitrago

Videoclip Nada Justifica la Violencia

Compartimos el videoclip realizado en el marco del Plan de Educación y Comunicación en el que participaron chicos y chicas de SU CAMBIO POR EL CAMBIO en el sur de Quito.

Fue el resultado de un proceso de sensibilización en el que analizaron los patrones que obstaculizan el acceso equitativo a la salud sexual y reproductiva y a una vida libre de violencia, la letra de la canción la escribieron ellos/as mismos.

El vídeo se realizó durante el proyecto “Defensa, garantía y ejercicio de los derechos sexuales, reproductivos, y del derecho a una vida libre de violencia de las mujeres en la zona sur de Quito» a cargo de Medicus Mundi Mediterrània y la Fundación Casa de Refugio Matilde, que se ejecutó desde agosto 2016 hasta agosto 2017 y fue financiado por la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo de la Generalitat de Catalunya.

El vídeo muestra frases que los mismos jóvenes compartieron y socializaron durante el proyecto. Es una muestra de cómo viven las mujeres y los hombres jóvenes la violencia de género, qué sienten, qué piensan, qué les dicen los demás jóvenes y cómo la enfrentan.

Puedes ver el vídeo aquí y te animamos a compartirlo:

«Todo empezó a ponerse feo, me gritaba y me humillaba, a veces sentía miedo. No me dejaba salir si no era con él. Las peleas eran cada vez más fuertes»