En este 25 de noviembre de 2017, la Fundación Casa de Refugio Matilde, destacamos la participación de la sociedad civil para exigir políticas públicas concretas y efectivas para prevenir, atender y reparar  las consecuencias de la violencia contra la mujer.

Porque, como expresa Rosario Gómez Santos, fundadora de la Casa de Refugio Matilde, “no basta con hacer retórica, crónica roja, prensa amarillista, politiquería, clientelismo barato, con temas tan complejos y dolorosos como la violencia contra las mujeres”.

En ese sentido, Matilde Hidalgo de Procel, la precursora de las luchas a favor de los derechos de las mujeres en Ecuador y por quien lleva su nombre nuestra fundación, dijo en 1912 en su poema “El deber de la mujer”: “Mas, la vida necesita de combate y de fiereza, de buen valor y destreza, que no basta con rezar”.

En este año hemos decidido participar en la marcha “Vivas nos Queremos” siguiendo lo escrito por Matilde Hidalgo, porque creemos que la sociedad civil, es decir aquel conglomerado que le pone distancia a la estructura formal del Estado, es el poder y la fuerza real de una sociedad que reclama cambios, que se levanta a defender la vida de su población, de las mujeres, de los niños y niñas.

Esta sociedad civil, cuando se expresa organizadamente, es porque  tiene conciencia de los problemas que le afecta, como el de la violencia contra la mujer, porque va creciendo en conocimiento y descubriendo que en la base de muchos de los problemas sociales está la violencia de género.

Marchamos este 25 de noviembre, explica Rosario Gómez Santos, porque la violencia contra las mujeres afecta no sólo a ella, sino a su grupo familiar, a su barrio, a su ciudad y a su país. “Porque si las mujeres somos el 52% de la población, quiere decir que la sociedad está perdiendo la energía de esta mitad de su población, porque está disminuida, oprimida, humillada, violentada y muerta”.

Pero sobretodo, esta conmemoración, es para  incorporar en nuestra vida cotidiana, cambios  profundos y efectivos en las concepciones y costumbres patriarcales y machistas. Esas concepciones que se expresan, a veces, sin pensarlo en chistes, cachos, piropos, discriminaciones de todo tipo para las mujeres y para lo femenino.

En la Fundación Casa de Refugio de Matilde desde 1990 (hace 27 años) trabajamos para la atención de mujeres, niñas, niños adolescentes afectados por la violencia de género, con la finalidad de que puedan hacer un pare a la violencia, empoderarse de su vida, en el convencimiento y ejercicio del derecho a una vida libre de violencia.

Desde su creación la Fundación Casa de Refugio Matilde, cada 25 de Noviembre, recuerda con diversos tipos de eventos, la muerte de las tres hermanas Mirabal de República Dominicana. Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, también conocidas como “Las Mariposas” que fueron asesinadas brutalmente por el régimen del tirano Rafael Leonidas Trujillo, el 25 de noviembre del año 1960 porque junto con amigos, familiares militaban en contra de las injusticias del dictador.

Con esta conmemoración nos unimos a los cientos y miles de mujeres de nuestra región y ahora de todo el mundo, para decir basta a la violencia contra las mujeres, para exigir políticas públicas para prevenir, atender y reparar  las consecuencias de este delito.

Si miramos treinta años atrás y los comparamos con el momento actual podemos decir  que hemos avanzado en visualizar la violencia contra la mujer, en demandar políticas públicas, servicios y normativa legal para dar una mejor respuesta a esta problemática. Se han logrado avances tan significativos como la incorporación del enfoque de género en la Constitución, y el derecho para hombres y mujeres a tener una vida sin violencia en el ámbito público y en el ámbito privado.

Pero, en esta búsqueda y lucha contra la violencia, no basta el que  hayamos priorizado la respuesta judicial, legal. Indudablemente no hay que dejar en la impunidad estos delitos, (medidas necesarias para reparar a las víctimas y a la sociedad) pero a la violencia hay que atenderla, atacarla, como se previene una enfermedad,  desde cuando aparecen los primeros síntomas, reconociendo y trabajando sobre sus causas más profundas y cotidianas.

En estos 30 o 40 años de trabajo en favor de los derechos de las mujeres, poco se han desarrollado políticas para prevenir y erradicar la violencia, es decir, acciones que promuevan cambios en la estructura social y cultural de las relaciones de género, de lo que significa ser mujer y hombre, del respeto a las diversidades de género, sexo, etnia, edad, situación socio-económica, de discapacidades, y otras diferencias existentes.

“Es necesario desarrollar mayor creatividad para experimentar nuevas y certeras estrategias metodológicas, para hacer de esta lucha contra la violencia, una tarea colectiva, de grupos familiares, de comunidades, de organizaciones populares, de instituciones públicas y privadas, de toda la sociedad”, afirma Rosario Gómez Santos.

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